Resulta que, a pesar de que la propiedad del castillo era del conde, éste vivía en Viena, en la Corte Imperial, y los vecinos estaban desmontando la muralla y la torre para reaprovechar las piedras para sus casas. Según consta en la documentación de la época, José de Payueta había demolido un torreón de 12 pies de altura; los criados de José Ramírez habían desmontado una pared de 30 pies de largo y 4 pies de grosor; Antonio Uriarte, por orden de la Iglesia, demolió 3 carros de peña para hacer un altar; otro vecino tiró una torre porque amenazaba con derrumbarse sobre su casa; y constan varios vecinos más que demolieron parte del castillo. Incluso el ayuntamiento vendió una parte del terreno del recinto fortificado a un particular. Y es que ya sabían todos que eso era del conde, pero como no vivía en el país…


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