Por supuesto que la iglesia ha recibido rayos en más ocasiones, pero estas dos fueron de tal envergadura que pasaron a los anales de su historia. Las narraciones de estos hechos están inscritas en la portada de la iglesia de Santa María la Mayor, pero debido al desgaste de la piedra puede ser complicado leerlas. Una de ellas dice: “En 9 de agosto de 1629 años cayo un rayo en la torre de esta Yglesia y mato dos hombres que tanian las canpanas y las centellas que bajaron por la torre mataron al cura (¿R…?) Martinez y otro hombre, quedando muchas personas sin sentido, y ese mesmo dia (…) parecio otro hombre (…) muera, termino de la villa (…) la caveça (…), en cuyas memorias se voto guardar fiesta el dia de San Roman con fundacion y aniversario perpetuo por las animas del purgatorio. E tempesa e liberamos domini. Amen”. La otra inscripción apenas se ve, pero dice algo así: “El primero de junio de 1739 y a la hora de las diez de la noche, cayo un rayo en la puerta de esta Yglesia, cuya llama se dejo ver de cuatro sacerdotes que estaban jurando y de mas de 50 seglares, que aunque algunos heridos y sin sentido, quedaron libres por la intercesion del glorioso martir San Pelayo, estando expuestas sus sagradas reliquias e imagen y en memoria de tan alto prodigio, decreto el ilustre cabildo una misa a nuestro protector y copatrono el 1 de junio de cada año. A fulfure et tempestate, liberanos domini. Amen”. Precisamente con el objetivo de que los párrocos pudieran rezar para que Dios alejara las tormentas de San Vicente, se construyeron dos conjuratorios frente a la portada de la iglesia. Son dos “garitas” integradas en el muro, coronadas con cruces, con ventanas desde las que ver el entorno y que en origen contaban con puertas y ventanas de madera.


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