En una época en la que no había agua corriente en las casas, la limpieza de la ropa la llevaban a cabo las mujeres en lavaderos públicos, que cumplían además una labor social pues eran punto de encuentro y relación. Había uno frente al matadero, uno en la Calle Buenavista esquina con Hornos y dos en el Barrio de San Juan, uno de ellos descubierto. Los lavaderos estaban formados por dos cubetas; la primera, más pequeña y justo a la salida del caño de agua, se utilizaba para aclarar con agua limpia las prendas ya lavadas antes de ponerlas a secar. Y la segunda, más grande, era donde se realizaba el lavado con jabón. Las mujeres empleaban estos ratos de trabajo para comentar y desahogarse por lo que, a pesar de que se podía ir al lavadero que se quisiera, se tendía a acudir al más cercano a tu casa y más o menos en los mismos días y horarios para coincidir siempre con las mismas mujeres, con las que se desarrollaba una relación de mayor confianza. Como curiosidad mencionaremos que las mujeres del barrio de San Juan tenían agua caliente para lavar gracias a la proximidad de la alcoholera, lo que sin duda era todo un lujo en invierno. También de este lavar la ropa de forma comunitaria viene la expresión “los trapos sucios se lavan en casa”, aludiendo a que hay cosas demasiado personales como para hacerlas públicas. Por último, mencionaremos que cuando las mujeres estaban hablando de sus cosas, con la chiquillería correteando alrededor, y no querían seguir la conversación para que no la oyeran los críos, se decía “shhh, que está la ropa tendida”, y todas las adultas entendían a qué hacía referencia, dejando a sus peques preguntándose qué tendría que ver la ropa con hablar o no hablar.


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