Hoy en día queda en su fachada el rótulo del cine Buenos Aires, en la esquina de la calle que adoptó su nombre. Pero en el siglo XX había otro en la Plaza Mayor, en los bajos del edificio donde ahora está la Casa de la Villa, era el Ideal Cinemá. ¡Cuántos buenos ratos se habrán vivido entre sus paredes viendo la última de John Wayne o una de romanos! Pero eso sí, primero el NO-DO, el noticiario oficial y obligatorio del régimen franquista que nos tenía informados de lo que pasaba en España. Lo habitual era que el cine pasara una película los domingos por la tarde, pero el de la plaza además la repetía los lunes y en verano añadían otra sesión los jueves pero con una película distinta. Justo antes del pasaje sotechado de la entrada del cine, entrando por el lado de la plaza, tenía la tienda de chucherías Filiberto, que con su coche Seat 600 hacía además de taxista y recadero. Y por las mañanas, en lugar de chucherías, vendía traguitos de orujo para ir a la labor en el campo con el cuerpo entonado. EL CINE BUENOS AIRES CIERRA EN VERANO


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