La ballesta fue el arma de moda a partir del siglo XII, ya fuera para la guerra como para cazar, porque proporcionaba más precisión y mucha más fuerza y alcance que un arco. Era un arma tan potente que la Iglesia la consideró “diabólica” y prohibió usarla contra cristianos; aunque la verdad es que no se le hizo ningún caso en este sentido. El manejo de la ballesta era una profesión de gran reputación social que incluso suponía privilegios nobiliarios. Se conserva un documento de 1355 en el que el Infante Don Luis de Navarra daba orden de reparar las ballestas de San Vicente de la Sonsierra. Existían distintos tipos de ballesteros: de maza, de a pie, de a caballo, mareantes (iban en los barcos)… Tras la anexión de San Vicente a Castilla, la Noble Compañía de Ballesteros Hijosdalgo de Peciña perdió su enfoque militar y se mantuvo para luchar contra el bandolerismo. Su patrono era San Juan Bautista, y en esta ermita es donde hacían sus reuniones de hermandad y celebraban sus fiestas religiosas. Velaban y enterraban a los hermanos cuando morían y, al igual que cualquier otra hermandad o cofradía, tenía sus órganos de gobierno (alcalde, mayordomo y secretario). En Ábalos también se fundó una Hermandad de Ballesteros para luchar contra el vandalismo y estuvo en activo hasta el siglo XIX. Hacían sus prácticas de entrenamiento cerca de la ermita de San Felices, en lo que aún se conoce como el monte de Ballesteros.


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