Esta idea, copiada de la Alemania nazi, consistía en que los días 1 y 15 de cada mes, tanto en las casas particulares como en la hostelería, sólo se podía comer un plato, pero había que pagar el menú completo. El dinero que correspondía a ese otro plato que no consumías (ya fuera el primero o el segundo) se recaudaba para comedores sociales, Gotas de Leche, Orfanatos, casas-cuna… Y también para ayudar a las familias de los combatientes por el bando nacional. Se instauró a partir de noviembre de 1936 a instancias del general Queipo de Llano, aunque fue al acabar la guerra cuando se extendió a toda España. Luego se pasó a “todos los jueves” y después se amplió con los “Lunes Sin Postre”, en los que se seguía la misma lógica y lo que te ahorrabas del postre que no comías, lo tenías que donar. Para controlar el cumplimiento de estas obligaciones se llevaba un registro nominal de quién y cuánto donaba; en el Fondo Histórico del Ayuntamiento aún se conserva un libro de recaudación. Si no cumplías, te arriesgabas a ser multado y, peor aún, a que tu nombre fuera publicado en las “listas negras”, con las represalias que eso conllevaba. Estas medidas, que estuvieron en vigor hasta 1942, están en el origen de la popularización de recetas tan conocidas como el cocido, la paella, la fabada… que aúnan en un único plato todos los nutrientes que requiere una comida completa.


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