El acceso al agua siempre ha sido un problema y se intentó en varias ocasiones ponerle remedio, pero sin que fuera nunca suficiente. El proyecto de Salvador consistió en traer el agua del manantial llamado Fuente Articulanda, y construir tres fuentes en el municipio para su distribución: una en la Plaza de la Constitución, otra en la Plaza de los Hornos, y la tercera en la Plaza del Moral. En esta ocasión se calculó que, para que el abastecimiento fuera suficiente, se necesitarían 50 litros de agua por habitante y día, lo que se traducía en 3 litros de agua por segundo. En la memoria del proyecto que se conserva en el Ayuntamiento se puede leer cómo, además de todos los detalles técnicos, el ingeniero enfocó el estudio de manera que se ahorrase en decoración pudiendo dedicar el dinero a mejores materiales, y alegando que si se quería hacer las fuentes más bonitas por fuera (en especial la de la Plaza de la Constitución por ser la central) ya habría tiempo más adelante, mientras que ahora lo importante era dedicar el presupuesto a la calidad de la instalación.


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