En 1961 esta costumbre estaba prohibida porque las autoridades locales lo consideraban indecente y vulgar. La misma mañana del último día de fiestas, cuando se debía realizar la romería al castillo, se colgaron carteles en los árboles de la plaza recordando que nadie debía bañarse en la fuente. Sin embargo, dos jóvenes del municipio llevaron a cabo un ardid para saltársela. La idea consistió en retar a que les empujaran para luego poder decir ellos “que yo no me he metido, es que me han empujado”. Pero el plan no les salió como esperaban pues fueron denunciados igualmente alegando las autoridades que estaba planeado con antelación, que por la altura de la fuente era imposible tirarles si ellos no colaboraban, y que los infractores y sus amistades tenían antecedentes de altercados siendo, además, sospechosos de ideología contraria al régimen. Tanto se ofendió el Ayuntamiento por la desobediencia, que la multa impuesta a uno de los “mojados” ascendía a 2.000 pesetas (mientras que una multa por tráfico, por desorden público o por incumplir la normativa de armas de fuego podía llegar hasta las 250 pesetas). Al resto de implicados se les multó con 100 o con 200 pesetas, según el grado de implicación en los hechos. Se les dio un plazo de 8 días para pagar, pero hasta enero de 1962 no se terminaron de abonaron todas las sanciones.


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