Del mismo modo, en las comuniones de antaño se situaba a las niñas en los bancos del lado del evangelio, y a los niños en los bancos del lado de la epístola. El lado del evangelio es el que, mirando de frente al altar, queda a nuestra izquierda, y el de la epístola es el que queda a la derecha. Estos nombres se deben al lado desde el que se lee cada uno de estos documentos durante la misa, llegando incluso a tener en cada lado un “ambón” específico para cada lectura con su correspondiente atril. En caso de que la iglesia sea tan grande que tenga tres naves, también se usan estos nombres para diferenciarlas, nave del evangelio y nave de la epístola. Aunque hoy en día ya hemos perdido estas costumbres y los invitados a las bodas, por ejemplo, se sitúan un poco donde les parece mejor y la mayor parte de la gente ya no utiliza estos dos nombres para distinguir un lado del otro.


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