Se trataba de una asociación que tenía como objetivo fomentar el arte y, en especial, la música entre los vecinos de la localidad. A esta sociedad se podían afiliar, voluntariamente, todos los integrantes de la banda municipal, que se estaba intentando reconstruir pues, al parecer, había caído en abandono. No existía en San Vicente una escuela de música, sino que los vecinos que sabían tocar algún instrumento eran los que enseñaban a quienes quisieran aprender, como Clemente, que enseñaba solfeo, o Luis Verde, que además hizo una gran labor recopilando las jotas populares. Pero volvamos a La Perla Riojana: se permitía también tener socios honorarios, que serían quienes pagaran la cuota y tendrían derecho a voz pero no a voto. Los instrumentos musicales serían propiedad de la sociedad y el Presidente sería quien decidiera quién tocaba cada uno. El Comité Ejecutivo debía reunirse al menos una vez al mes y en el día de Santa Cecilia, 22 de noviembre, celebrarían su festividad con una reunión del Comité al completo. La Sociedad recaudaría dinero siendo contratada para tocar en los bailes y cuando fueran contratados para tocar en otro tipo de eventos. Ese dinero se usaría para comprar nuevas partituras, para reparar los instrumentos y, lo que sobrase, sería repartido entre los miembros.


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