Con estos ingredientes, y con la ayuda de las integrantes de la Sección Femenina, la maestra cocinaba bollos y preparaba chocolate para dar a las niñas y niños que hacían la Primera Comunión al día siguiente. El orden de los sucesos ese día venía a ser, más o menos: por la mañana se iba a misa en Santa María la Mayor, donde se comulgaba con la compañía de tu padre y tu madre, que te escoltaban uno a cada lado. Después de la misa se bajaba al colegio, donde la maestra tenía listo el chocolate y los bollitos. A continuación, cada cual iba a celebrar el día con su familia hasta que a las 17:30 las niñas y niños eran llamados a la Basílica del Remedio para pronunciar el “Renuncio a Satanás”, que servía de punto final a los ritos hasta que, el domingo de la semana siguiente, se volviera a salir con el traje para participar en la celebración del Corpus.


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