En la Edad Media la inmensa mayoría de la población era analfabeta, así que la Iglesia transmitía sus mensajes visualmente. Por eso, las esculturas y pinturas de las iglesias eran moralizantes y se centraban en pasajes de la Historia Sagrada. Pero los curas sí sabían leer y ya venían moralmente adoctrinados, así que se permitían el lujo de solicitar a los artesanos que incluyeran detalles en aquellos lugares que sólo estaban al alcance de los ojos de quienes se situaban en el altar. Es decir, de ellos mismos. Si tienes un rato libre, merece la pena subir a Santa María la Mayor a estudiar el retablo de cerca, mirando detrás de las columnitas o fijándote en la pintura de las ropas de las figuras, pues encontrarás un montón de detalles deliciosos que normalmente pasan desapercibidos, eclipsados por la grandiosidad del retablo que, de tanto mirarlo, ya ni lo vemos. ¿Te habías fijado alguna vez en este detalle de la ropa de la Virgen en la escena de la circuncisión?


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