Hoy día se puede ver desde la calle un precioso patio privado que, si bien ahora pertenece a una sola familia, solía ser un patio abierto que daba acceso a las casas de varios vecinos. Uno de ellos era el herrador, al que recurrían todos los vecinos de San Vicente para cambiar las herraduras a los burros, cosa vital ya que en aquella época se utilizaban para las labores del campo. Otro vecino de este patio fue el practicante (lo que hoy llamamos enfermero), así que casi podríamos decir que en un mismo patio se resolvían los problemas de salud de todo el pueblo.


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