La destrucción de los poblados tras la II Batalla de Nájera
A mediados del siglo XIV había en el entorno de San Vicente unos cuantos poblados pequeños, con su ermita y su necrópolis, que desaparecieron y de los que ya sólo conservamos restos de las iglesias, las tumbas excavadas en la roca o el nombre del poblado y la vaga idea de que existió. Pero ¿por qué desaparecieron? ¿Qué pasó en esa segunda mitad del siglo XIV para que cayeran en el olvido? Pues seguramente se debió a la coincidencia de: enfermedades, hambrunas y la guerra. Veamos qué estaba pasando por entonces:
SITUACIÓN EN CASTILLA:
El rey Alfonso XI de Castilla murió por la peste negra en 1350, mientras estaba en Gibraltar luchando contra los árabes, y en seguida fue nombrado rey su hijo Pedro I (al principio le llamaban Pedro I el Justiciero, pero más tarde sus enemigos le cambiaron el nombre a Pedro I el Cruel).
Pero Alfonso XI, que no tenía más hijos legítimos que Pedro, sí tenía diez hijos bastardos con otra mujer, Leonor de Guzmán, y de estos diez hijos “extraoficiales”, Enrique de Trastámara era el mayor y resulta que tenía un año más que Pedro.

Todo esto no hubiera supuesto mucho problema de no haber sido por que Pedro I reinó poniendo los intereses del pueblo por delante de los intereses de los nobles castellanos (o al menos eso era lo que ellos opinaban). En los últimos años la situación del reino se había complicado por la Peste Negra y las hambrunas. Se vivía en un régimen señorial que permitía que cada señor impusiera sus normas en sus territorios y cobrase los impuestos que considerase oportunos, y Pedro I hizo un esfuerzo por imponer una legislación unificada y dar más independencia a los mercaderes de las ciudades. Como es lógico, esto provocó cada vez más malestar entre los ricos y poderosos del reino, entre los cuales, recordemos, estaban los diez medio hermanos del rey.
La nobleza empezó a considerar que quizá Pedro I no tenía por qué ser rey y que Enrique de Trastámara lo podía hacer mejor. A fin de cuentas, era el hijo mayor de Alfonso XI y lo de que fuera bastardo, siendo noble, se le podía perdonar…
Enrique, mientras tanto, residía en Asturias, que por entonces era un reino bastante grande, y tenía sus ejércitos, sus vasallos y sus aspiraciones políticas y militares como todo gran señor de la época.
Viendo que sus medio hermanos se habían aliado con el reino de Aragón y sospechando que pudieran sublevarse, Pedro I de Castilla declara la guerra a Aragón, con quienes ya tenía bastantes enfrentamientos tanto en tierra como en el mar. Para protegerse, Pedro I negoció un tratado con el Príncipe de Gales, heredero de Inglaterra, para que le apoyara con un ejército a cambio de que Pedro pagara su mantenimiento.
SITUACIÓN EN ARAGÓN:
El reino de Aragón se había fijado dos grandes objetivos: conquistar Murcia y dominar el Mediterráneo; y en ambos tenía a Castilla como competencia. Durante años hubo múltiples enfrentamientos entre Pedro I el Cruel de Castilla y Pedro IV el Ceremonioso de Aragón, a los que se suele llamar la Guerra de los dos Pedros.
Por este motivo, cuando Enrique de Trastámara y sus hermanos empezaron a conspirar contra Pedro el Cruel, Pedro el Ceremonioso se puso del lado de los rebeldes. “Al fin y al cabo, el enemigo de mi enemigo es mi amigo (debió de pensar) y si ayudo a debilitar a Castilla podré ganar unos años de ventaja para afianzarme en el mar y Murcia hasta que Enrique se haga fuerte en su nuevo trono”. A esta elección de bando también contribuyó la presión de Francia, que venía a decirle a Aragón algo así como “si quieres seguir teniendo mi ayuda contra Castilla, más te vale echarle una mano al amigo Enrique”.

SITUACIÓN EN EUROPA:
Francia e Inglaterra acababan de meterse en lo que luego se llamaría la Guerra de los Cien Años, luchando por el control de unos territorios en Francia pero que por alianzas matrimoniales habían pasado a manos de los ingleses. A estos problemas políticos y militares se sumó la Peste Negra, que diezmó a la población europea y, además de matar a millones de personas por la propia enfermedad, también mató por hambre ya que no quedaban campesinos para trabajar los campos.
Se había firmado una paz que beneficiaba a Inglaterra, por lo que Francia vio en la guerra de Castilla una forma de seguir atacando a Inglaterra de manera indirecta. Si se aliaba con Enrique y ganaba, Francia tendría poder sobre casi toda la península Ibérica (salvo Portugal, que siempre ha sido más favorable a los ingleses) porque ya tenía el apoyo de Navarra y de Aragón.
El Papa Urbano V, que en esta época tenía la sede en Aviñón, también se puso del lado de Enrique porque la política de Pedro I en Castilla quitando poder a los nobles afectaba a la alta jerarquía eclesiástica, que también era de los ricos y poderosos. Además, tras la reciente paz entre Francia e Inglaterra, había ejércitos de mercenarios sin nada que hacer esparcidos por la zona de Aviñón así que, para quitárselos de su territorio, contribuyó a pagarles el salario para que se fueran a pelear a Castilla.
Para Inglaterra, por el contrario, la mejor opción era mantener a Pedro I el Cruel, con el que ya tenían buena relación, y con el que había firmado un acuerdo por el que la flota castellana del Cantábrico no ponía en peligro el paso de Inglaterra en el Canal de la Mancha hacia sus territorios en el continente, y los ingleses a su vez protegían la marcha de los barcos castellanos a Flandes a comerciar con lana y hierro.

SITUACIÓN EN NAVARRA:
El rey Carlos II el Malo de Navarra estaba más centrado en la política en Francia que en lo que ocurría en la península porque, al ser nieto de Luis X de Francia, tenía aspiraciones al trono francés. En esta época el Reino de Navarra tenía tierras en la costa norte de Francia, lo que condicionaba las decisiones políticas que se tomaban, buscando aliados que ayudaran a sacar beneficio de la situación en Europa, que estaba revuelta a causa de la Guerra de los Cien Años que acababa de empezar.
El reino de Navarra estaba situado entre Castilla, Aragón y Francia, y el rey Carlos II no tenía especial interés por ninguno de los dos aspirantes al trono, así que fue cambiando de bando según le venía mejor en cada momento. En 1367 se reunió con Enrique de Trastámara en Santa Cruz de Campezo y firmaron un acuerdo por el que Navarra bloqueaba el paso de Roncesvalles, en los Pirineos, impidiendo el paso a las tropas inglesas de Eduardo de Woodstock, Príncipe de Gales, que venían para ayudar a Pedro I de Castilla. A cambio Enrique de Trastámara pagaba una gran suma de dinero a Navarra y le prometía la ciudad de Logroño.
Pero el príncipe inglés se enteró de la reunión y ordenó a algunos grupos mercenarios que invadieran territorio navarro, lo que asustó a Carlos II y le hizo cambiar de bando, pasándose al lado de Pedro I de Castilla, al que dijo que lo de bloquear los Pirineos no era en serio sino una maniobra de despiste, y dejó pasar a los ingleses que venían a ayudarle. Sin embargo, para no enfadar del todo a Enrique de Trastámara, a la vez que se cambiaba al bando castellano, mandó a escondidas otro ejército a bloquear a los ingleses a medio camino.
Carlos II de Navarra estaba jugando a dos bandos, pero no todos los señores locales de su reino le apoyaban en esta política, y algunos se mantuvieron fieles al bando de Enrique de Trastámara. Puede que esto fuera por porque les parecía mal faltar a su palabra; o porque pensaban que con Enrique iban a obtener mayor beneficio; o quizá porque cuando tienes a los soldados de un bando ocupando tus pueblos y durmiendo en tu castillo, lo de pasarte al enemigo se vuelve bastante más complicado.
SITUACIÓN EN SAN VICENTE:
Tal como ocurría en toda Europa, la población estaba muy reducida y empobrecida a causa de la Peste Negra y las hambrunas, hasta el punto de que en algunos Libros de Monedaje (para el control del cobro de ese impuesto) se dejó constancia de que el 69% de la población de San Vicente eran tan pobres que no se les podía cobrar.
San Vicente estaba dividido en el recinto fortificado, que era el núcleo principal de población y de control administrativo, y varias aldeas pequeñas diseminadas por la ladera del valle, con poca población cada una y que solían tener su propia ermita y su necrópolis.
Sabemos que en 1355 se habían reparado las ballestas del castillo, que servía de fortaleza militar y también como signo de estatus y poder de sus señores, lo que nos hace pensar que era un lugar importante desde el punto de vista estratégico y en buenas condiciones para resguardar a un ejército en época de guerra. Por ello, en 1367 se alojaron aquí las tropas de Enrique de Trastámara en los días previos a la II Batalla de Navarra, aunque no sabemos si los soldados llegaron antes o después de la noticia de que el rey Carlos II se había cambiado de bando. Por lo tanto, si San Vicente se mantuvo fiel a Enrique por convicción o porque ya los tenían alojados, es algo que queda en duda.
En 1367 tuvo lugar la II Batalla de Nájera, que ganó Pedro I el Cruel con la ayuda inglesa del Príncipe de Gales. Enrique se refugió dentro de la ciudad, pero Pedro I no quiso asediarla para apresar a su hermanastro y se volvió a Sevilla a seguir luchando contra los árabes. Enrique Trastámara aprovechó para huir a Francia a recuperarse tras la derrota para seguir peleando más tarde por el trono de Castilla.

Mientras tanto, en Navarra, Carlos II el Malo decidió castigar a los señores locales que no le siguieron en su cambio de bando cuando abandonó a Enrique para apoyar a Pedro I. La forma de castigo que eligió fue dejar que los soldados arrasaran los pueblos “traidores” después de la II Batalla de Nájera, y uno de esos pueblos fue San Vicente de la Sonsierra. El recinto fortificado se podía defender, pero las aldeas pequeñas que estaban por los campos y no tenían muralla fueron destrozadas lo que, sumado a que ya la gente estaba empobrecida y quedaban pocos por la peste, obligaría a las pocas gentes que hubiera a abandonar sus casas y reagruparse en los poblados más grandes para poder sobrevivir.
Otra consecuencia de que San Vicente estuviera en el bando perdedor de esta guerra fue que el Conde de Peñacerrada, señor de la Divisa de la Piscina, murió en batalla, y el rey Carlos II le quitó sus posesiones a sus herederos y se las dio a otro noble que era más afín a él, don Pero Pérez Sarmiento. Esta es la causa de que en 1534 se demandara a la Chancillería de Valladolid la vuelta de la Divisa a la rama de don Diego Ramírez de la Piscina.
