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San Vicente de la Sonsierra

Los quintos

En el mes de febrero suele celebrarse el día de los quintos, en el que las chicas y chicos jóvenes de nuestro pueblo que cumplen la mayoría de edad ese año se ponen de acuerdo con los de Briones y Labastida para organizan verbenas, comidas y actividades populares. Pero ¿saben de dónde viene esa costumbre? ¿Saben por qué se les llama quintos? Aprovechando que hace casi un cuarto de siglo que los quintos dejaron de serlo, vamos a recordar su origen.

Los quintos eran los jóvenes que, al cumplir 18 años, tenían que ir a cumplir el servicio militar obligatorio. La famosa “mili”. Es decir, los chicos que en ese año cumplían 18 años tenían que acudir a recibir formación militar para que, en caso de necesitarlo, el país dispusiera de suficientes soldados formados para su defensa.

En los últimos años, este servicio militar duraba nueve meses, tenían permisos de fin de semana, existía el teléfono para poder estar en contacto con familia, amigos, novia…, pero a mediados del siglo XX duraba un par de años y las comunicaciones eran por carta, lo que hacía que eso de irse a la mili supusiera un parón considerable en la vida de la gente. Por eso, todos los años por Santa Águeda, el grupo de chicas y chicos de la edad que eran llamados a filas, salían a pedir por las casas para organizar una fiesta de despedida. La gente del pueblo colaboraba con lo que podía, un par de huevos, un chorizo, un poco de queso, una gavilla de sarmientos, algo de vino… Lo que se recogía también servía para ayudar a los chicos a llegar a su cuartel, pues los desplazamientos tampoco eran tan sencillos como hoy día y era el recluta el que tenía que buscarse la vida para llegar.

Solían pedir también por las calles, en las carreteras, llevando ropa de campaña (gorras, chaquetas y pantalones con estampado de camuflaje) y pasaban la gorra para que la gente que paraban por la calle les echara dinero. Solían ir acompañados por músicos para animar y tener baile. Y de ahí que ahora se haya mantenido como una fiesta a pesar de haber perdido su finalidad original.

Para elegir a quiénes se llamaba a filas se realizaba un sorteo, pero a lo largo del tiempo han ido existiendo distintos mecanismos por los que las clases altas se podían librar del servicio militar:

  • La rendición en metálico: pagabas y te librabas totalmente de hacerlo
  • La sustitución: enviar a otra persona en tu lugar.
  • El soldado de cuota: pagando una cantidad determinada se reducía el tiempo que tenías que estar en el ejército.
  •  En 1914 se estableció “el cambio de número”: permitía cambiar el destino en el que te había tocado hacer la mili, pues había guerra en el Protectorado de Marruecos y, si te había tocado ir allí y eras de clase alta, podías cambiarlo por otro destino.
  • Las Milicias Universitarias: los estudiantes universitarios podían optar a cumplir el servicio militar durante unos pocos meses y después pasaban a un entrenamiento específico para adquirir rango militar.

La duración del servicio militar se fue reduciendo con el paso de los años. Así, a principios del siglo XX el servicio militar duraba tres años; hacia 1925 se había reducido a dos años; en 1930 ya era de un año y desde 1991 duraba solamente 9 meses.

BREVE REPASO HISTÓRICO:

El origen de esta costumbre está en el s.XV, con el rey Juan II de Castilla, que impuso la “contribución de sangre” que establecía la obligación de que uno de cada cinco hombres jóvenes de cada localidad debía servir en el ejército.

Felipe V quiso reorganizar el ejército, que hasta entonces estaba formado por profesionales que entraban en él voluntariamente a cambio de un salario, aunque la mayor parte de ellos eran extranjeros. También había algunos que eran reclutados a la fuerza como castigo por crímenes cometidos o como medida de control social frente a los vagabundos. Como se vio que con esto no se tenían suficientes hombres para lo que necesitaba el reino, se crearon las quintas: se sorteaba en cada localidad para reclutar a uno de cada cinco jóvenes.

Con Carlos III se estableció que cada año se haría sorteo entre todos los hombres solteros que tuvieran entre 17 y 36 años, por lo que podías librarte un año pero salir elegido al siguiente. Esto no sentó nada bien, especialmente en Cataluña y Euskadi, donde hubo revueltas.

Durante la Revolución Liberal de 1868 el servicio militar pasó a ser algo honroso, algo de lo que presumir por el cumplimiento del deber y defensa de la patria. Pero aun así los ricos tenían formas de evitarlo si les tocaba acudir al servicio militar. Podían pagar una cantidad para librarse, o podían mandar a otra persona (normalmente a uno de sus campesinos o criados) a cumplirlo en su lugar. Incluso existían seguros que las familias que podían permitírselo contrataban desde que el niño nacía para pagar a futuro su exención de la mili si le tocaba ir a filas.

Se quería abolir el sistema de reclutamiento forzoso desde hacía tiempo, pero entre las Guerras Carlistas y las guerras en las colonias (Cuba, Puerto Rico…) no fue posible hacerlo hasta la Primera República, en 1873. Se creó un ejército de voluntarios con salario y a los jóvenes se les impartía un servicio militar obligatorio de tres años para quedar en el ejército de reserva. A los soldados se les pagaba más que a los jornaleros del campo, lo que se esperaba que tuviera como resultado un montón de voluntarios. Pero resultó un fracaso porque se presentaron pocos y no muy hábiles.

A finales del siglo XIX se volvió a intentar abolir el reclutamiento forzoso con posibilidad de librarse pagando, pero las clases altas protestaron y se paralizó el proyecto. Fue a principios del s.XX, con el gobierno liberal de Canalejas, cuando se cambió el sistema existente por otro de reclutamiento forzoso sin posibilidad de librarse ni pagando ni mandando a otra persona, que es el método que se mantuvo hasta final de siglo.

El 31 de diciembre de 2001 se firmó la eliminación total del servicio militar obligatorio, pasado en ese momento a un ejército totalmente profesionalizado y voluntario que es lo que está en vigor hoy en día.

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