A los pies de la sierra de Cantabria...

San Vicente de la Sonsierra

Santa María de la Piscina

Situado en lo alto de un cerro, a mitad de camino entre Peciña, Ábalos y San Vicente de la Sonsierra, encontramos el conjunto arqueológico de Santa María de la Piscina, que está compuesto por una iglesia románica, una necrópolis excavada en la roca, restos de un poblado y recintos fortificados o atalayas.

HISTORIA

La leyenda sitúa el origen de la fundación de la iglesia en el testamento de don Ramiro en el año 1110, con la intención de que allí se custodiara una reliquia de la Vera Cruz que se había traído de Tierra Santa durante la Primera Cruzada.

Sin embargo, ese mismo testamento indica que ya existía un poblamiento previo llamado Picinia y, aunque no se conservan restos de la iglesia previa, sí quedan las tumbas excavadas en roca, que han sido datadas en la segunda mitad del siglo X.

Según la documentación conservada, el 1 de agosto de 1137 consagró la iglesia el obispo de Calahorra, Sancho de Funes, y se cree que hubo una inscripción sobre la puerta fechando el fin de la construcción en 1136. Pero esa inscripción no se conserva hoy día.

En 1753 la iglesia dejó de tener culto y se abandonó definitivamente, quedando el edificio sin uso. Sabemos que en 1769 aún estaba en pie la Casa Divisa, ya que está incluida en el Mapa de La Rioja que hizo Tomás López de Vargas Machuca, que fue un destacado geógrafo y cartógrafo que realizó un Atlas geográfico de España publicado en 1804 (merece la pena buscarlo online y darle un vistazo porque es precioso: https://www.ign.es/web/catalogo-cartoteca/resources/html/028451.html

Durante la Guerra de la Independencia, de 1808 a 1814, hubo un incendio y se quemó la Casa Divisa, que tenía una serie de estructuras incluyendo la nave anexa al muro norte de la iglesia. Poco después, con la Primera Guerra Carlista de 1833, tuvo lugar la ruina definitiva de la iglesia. De la Casa Divisa quedaban las paredes quemadas de cuando la invasión francesa y ahora se dio orden de derruirlas.

El 11 de febrero de 1975 se recupera la institución de la Divisa como cofradía de carácter exclusivamente religioso. En este momento se iniciaron las obras de restauración de la iglesia y, al descubrir varias tumbas antropomorfas, se plantearon una serie de campañas arqueológicas.

Entre 1976 y 1978 se realizaron obras de restauración de la iglesia y se excavó el entorno, descubriendo indicios de la existencia de un poblado en torno a los siglos X al XIV, momento en que se abandonó tras la Batalla de Nájera y la población se trasladó a la actual ubicación de Peciña.

A principios del siglo XXI se instaló en la ermita una réplica de la talla de la virgen, ya que la original se llevó a la ermita de los Remedios en San Vicente de la Sonsierra.

LA IGLESIA DE SANTA MARÍA DE LA PISCINA

Es de especial valor por ser de las más antiguas y la mejor conservada del estilo románico en La Rioja, ya que no se remodeló con el paso de los siglos, aunque su abandono y las guerras sí le han hecho perder algunos de sus elementos. Su estilo es del románico pleno, y no tiene más añadidos que el escudo de la Divisa que se colocó sobre la portada sur en el año de 1537.

Está construida en sillería (un sillar es una gran piedra tallada en todas sus caras y con forma cuadrada o rectangular), seguramente sobre los restos de una iglesia anterior de la que no conservamos fragmentos. La nave se divide en cuatro tramos de distinta longitud separados entre sí por arcos fajones de medio punto, está cubierta por una bóveda de cañón. Tiene un presbiterio rectangular, más bajo y estrecho que la nave, también cubierto con bóveda de cañón. El ábside es semicircular cubierto por una bóveda de cuarto de esfera y con una ventana en el centro. A los pies de la nave hay una torre campanario de forma cuadrada y otra ventana enfrentada con la del ábside. Pegada al muro de la iglesia que da al norte se construyó una estancia rectangular, cubierta también con bóveda de cuarto de cañón, con puertas en las cuatro paredes y que se cree que formaba parte de la Casa de la Divisa.

Tiene decoración en las ventanas con forma de ajedrezado, bolas, flores dentro de círculos, capiteles con motivos vegetales… La portada es de medio punto, con tres arquivoltas decoradas con bolas y cabezas de clavo, apoyadas en pilastras. En el siglo XVI se añadió el escudo en piedra de la Divisa, eliminando la inscripción que databa la construcción de la iglesia. En los aleros del tejado se conservan canecillos decorados. Los canecillos son los herederos de las vigas de madera que sujetaban el tejado y que sobresalían por el alero, que se empezaron a decorar tallando figuras y más tarde se conservaron como elemento decorativo en piedra. Los capiteles de los arcos interiores de la iglesia están decorados. Algunos tienen motivos vegetales y otros representan figuras.

Cuando vayamos a visitar la iglesia, es muy importante tener en cuenta que las piezas añadidas en la restauración que se hizo en 1975 están todas señaladas con una R para que puedan identificarse con facilidad y distinguirse de las partes originales.

En el ábside y el presbiterio quedan unos pocos restos de las pinturas murales románicas que serían del siglo XII, cuando se construyó la iglesia, pero hoy día cuesta distinguir las figuras que representaban. La talla de la Virgen que presidía la iglesia se trasladó a la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, de San Vicente. Se trataba de una imagen en piedra de la Virgen sentada con el niño en brazos y del estilo típico de la transición al gótico.

LA NECRÓPOLIS

En la segunda mitad del siglo X (a partir del año 950) están fechadas las primeras tumbas de la necrópolis, coincidiendo con el inicio de la costumbre de construir iglesias propias. Las últimas corresponderían a la segunda mitad del siglo XIV cuando la población se trasladó a la ubicación actual de Peciña tras la Batalla de Nájera de 1366.

La necrópolis está al lado este de la ermita, sobre una ladera de roca caliza que forma escalones. Es una necrópolis “de repoblación”, es decir, que corresponde a los poblados que surgen cuando los reinos del norte de la península se empezaron a expandir hacia el sur y el territorio fue repoblado con gente cristiana, coincidiendo con el desarrollo del románico pleno y el inicio del gótico poco después.

Durante las excavaciones arqueológicas realizadas entre 1976 y 1978 se encontraron 53 tumbas, 49 de ellas talladas en la roca y las otras 4 junto al muro este de la iglesia, muy cerca del ábside. Por su forma podemos dividirlas en dos fases:

  • Las más antiguas, anteriores a la iglesia actual, son de la segunda mitad del siglo X y tienen forma antropomorfa lo que quiere decir que, en lugar de ser un rectángulo, se distingue claramente dónde iban los pies y dónde la cabeza.
  • Las de la segunda fase de la necrópolis son de lajas de piedra y son del siglo XII, aunque también hay algún sarcófago exento de los siglos XIII y XIV.

Al noroeste de la necrópolis hay una pileta circular que es el único resto que se conserva que quizá perteneciera a la iglesia primitiva. A esta pileta se le han dado dos interpretaciones. Una de ellas defiende que podría ser un pozo para ofrendas, un lugar donde los vecinos depositarían los bienes que pagaban a la Iglesia de forma periódica. Otra interpretación defiende que sería una posible piscina bautismal. Unos cuatro metros al este de la pileta se ha encontrado el arranque de un muro, lo que hace pensar a los defensores de la segunda teoría que, de ser efectivamente una pila bautismal, estuviera dentro de un pequeño edificio. Las tumbas más cercanas a la pila son, por su estilo, posteriores a todas las demás.

Al sureste hay otra pileta excavada en la roca, con un banco tallado del tamaño aproximado de una tumba y que se ha interpretado como una piscina donde lavar los cadáveres como parte del rito funerario, costumbre muy habitual durante la Edad Media. De ser éste el uso que se le daba, seguramente no lo hacían al aire libre, por lo que estaría dentro de un pequeño recinto que nos lleva a intuir unas posibles escaleras en su lado oeste.

Al suroeste se ha encontrado un lagar que se hizo cortando dos tumbas, lo que nos indica que cuando se construyó el lagar ya no se estaba utilizando la necrópolis desde hacía tanto tiempo que incluso había perdido el carácter sagrado. No se sabe exactamente de qué fecha es, pero suponemos que será posterior al abandono del pueblo a mediados del siglo XIV.

Llama la atención que en la necrópolis no se han encontrado tumbas infantiles más allá de las 4 que están más cerca de la iglesia, que contenían restos de personas de 7 u 8 años. Teniendo en cuenta lo largo de la ocupación y la elevada mortalidad infantil de la época, es posible que no se hayan encontrado porque a los niños y niñas los enterrasen pegados al ábside, y al allanar esa zona de la colina durante la restauración se destruyeran esas tumbas. 

Sobre la forma de enterrar: se depositaba el cadáver en decúbito supino (tumbado bocarriba), con los brazos cruzados sobre la cintura y la cabeza inclinada hacia el lado derecho. Las tumbas tienen la cabecera orientada hacia el este y en los casos en que las tumbas fueron reutilizadas, se hacía agrupando a los pies del nicho los huesos del anterior ocupante antes de introducir al nuevo.

Por último, también en la necrópolis, se han observado unos escalones atravesados por canalillos de drenaje que cortan las sepulturas (es decir que se realizaron cuando la necrópolis ya no estaba en uso) y que llevan a una plataforma con hoyos excavados, interconectados con canales, que parecen corresponderse con la base de una prensa para uva.

EL POBLADO

Sobre el poblado, no se ha encontrado ningún documento que acredite que existía, sino que todo lo que sabemos es por indicios indirectos (como la referencia en el testamento de don Ramiro) y por los restos arqueológicos (si hay necrópolis y hay iglesia, es de suponer que esta gente no viviría muy lejos).


Las excavaciones que se han realizado en la zona hacen pensar que estaba a unos 80 metros al sur de la iglesia, pues se ha visto que hay huecos en la pared de caliza que parecen ser mechinales que indican la presencia de tejados de vigas muy juntas entre sí (recordad que llamamos mechinales a los agujeros que se hacen en las paredes para encastrar las vigas, ya fueran para sujetar un tejado o un suelo de otro piso).

Se cree que se aprovechaba la pared natural de piedra de forma que sólo había que construir las otras tres con muros de mampostería, de los que sí se han encontrado los arranques y pueden datarse en torno a los siglos XI a XIII. Estos muros tenían entre 60 y 80 cm de espesor, y formaban habitaciones de entre 6 y 8 metros cuadrados.

La pared de roca más cercana a la iglesia se utilizó como cantera durante su reconstrucción, por lo que no conservamos ningún resto de las posibles viviendas que estuvieran situadas en esa zona.

También se intuyen restos de casas en el fondo del valle, pero su avanzado estado de deterioro dificulta la obtención de información.

En cuanto a los restos materiales que se han encontrado, hay algunas tejas de estilo medieval, pocos restos de cerámica y, los que se han encontrado, son de mala cocción que podría datarse por el tipo entre los siglos XII y XIV. Que sólo se haya encontrado cerámica mala y en poca cantidad nos indica que la población recogió todos sus enseres antes de abandonar el poblamiento, por lo que fue un acto voluntario y organizado y no fruto de una catástrofe natural. También se han encontrado dos monedas de vellón, pero son de distintas épocas y se encontraron separadas entre sí, una de ellas durante una prospección, por lo que no se ha podido obtener mayor información de ellas.

LAS ATALAYAS

Al este de la iglesia y de la necrópolis se han encontrado unos hoyos de unos 10 a 25 cm de diámetro y con unos 15 cm de fondo que, por la forma y la posición, se han interpretado como los huecos donde se insertaban las vigas con las que se habrían construido las atalayas. Se trata de una especie de castilletes que en principio se construían con madera (por eso las diferencias en los diámetros de los hoyos, por los distintos grosores de los troncos utilizados como vigas), pero que más tarde pasaron a ser de piedra. Estas construcciones servían principalmente para vigilar la llegada de atacantes desde el Ebro y avisar a los vecinos del poblado. Al conservarse únicamente los huecos tallados en la roca, no es posible realizar una datación precisa, no sabiendo ni siquiera si son anteriores a la iglesia, pero se han documentado estructuras similares en Cataluña entre los siglos VIII y X, por lo que podemos suponer que las de San Vicente sean más o menos de la misma época.

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