A los pies de la sierra de Cantabria...

San Vicente de la Sonsierra

¡ Hidalguía para todos!

Durante la Edad Media todo el sistema económico se basaba en la división de la sociedad en grupos de población (estamentos o clases) que tenían distintos derechos y obligaciones unos de otros. Se trataba de una organización piramidal en la que una minoría de nobles dominaban a una gran mayoría de campesinos que trabajaba para mantenerlos a cambio de protección militar.

Por otro lado estaba la Iglesia, que tenía su propia estructura paralela y también jerarquizada, que actuaba igual que la nobleza en cuanto a cómo se relacionaba con los campesinos y, aunque en teoría estaban sometidos al rey, en la práctica eran bastante independientes.


El pueblo llano, los campesinos, los trabajadores, los villanos (porque vivían en las villas, no porque fueran los malos de la película), los pecheros (porque tenían que pagar la pecha, los impuestos) o como queramos llamarlos, nacían en este estamento y, salvo que entraran a formar parte de la Iglesia, morían perteneciendo a él. No existía movilidad social entre clases más allá de casos excepcionales.

Como explica F. Segura Urra en Nobles, ruanos y campesinos en la Navarra medieval, ser campesino implicaba unas condiciones de vida muy duras, especialmente si se comparan con las que disfrutaban la nobleza y el clero. Los campesinos estaban ligados a la tierra donde habían nacido siendo un sistema casi de esclavitud. La tierra pertenecía al rey y los campesinos podían trabajarla, pero no considerarla suya, y además debían pagar impuestos y hacer trabajos para el señor. Los hijos que tuvieran heredaban ese derecho y obligación de trabajar la tierra y con esto se cubrían dos necesidades: aseguraba al campesino tener un sitio en el que trabajar y aseguraba al señor tener mano de obra en sus tierras.

Pero en la Edad Media se tenían muchos hijos y, aunque no todos sobrevivían a la infancia, la población iba creciendo y se reducía la cantidad de tierra que cada uno tenía para trabajar, pues la ley les obligaba a dejar la herencia repartida por igual (no como los nobles, que sí podían dejar más a un hijo que a otro). Esto hizo que aumentara la inestabilidad en los caminos pues cada vez más gente se veía obligada al vandalismo.

También empezó a haber un proceso de éxodo rural pues los pecheros empezaron a abandonar los campos a los que estaban asignados para buscarse la vida por otro sitio, o bien en los campos de otro señor, o migrando lejos. Esto suponía que los reyes se quedaban sin mano de obra, así que buscaron la forma de frenarlo: se prohibió que se metieran a curas o monjas sin autorización del rey, se prohibieron las cesiones desde señoríos de realengo a señoríos de solariego (pasar de depender del rey a depender de un señor local), se obligó a que las compraventas de tierras incluyesen a los campesinos que los trabajaban… Pero llegó un momento en que era como poner puertas al campo y, como no se pudo frenar esta evasión de los pecheros, se reguló la forma de hacerlo para los solariegos mediante el pago de una cantidad determinada.

Los fueros que se otorgaron entre los siglos XI y XII, como fue el de San Vicente de la Sonsierra de 1172, suponían mejoras en las condiciones de vida de la población al dar a los villanos más independencia judicial, reducir los impuestos que debían pagar, eliminar algunos monopolios como el del molino o el horno, etc., y permitieron que la población aumentase y la villa se desarrollase económicamente.

Sin embargo, con el paso del tiempo la mentalidad fue evolucionando y el pueblo veía que, además de estar discriminados frente a la nobleza y el clero, aparecía otro grupo que también vivía mejor que ellos: los francos o ruanos. Se trataba de un grupo de gente venida del norte, del extranjero, de Europa, y que por lo tanto no eran siervos, no estaban atados a la tierra, ¡ERAN LIBRES! ¡TENÍAN DERECHOS! Y claro, uno puede aceptar que el noble vive bien porque es de sangre azul, y que el cura vive bien porque está dedicado a Dios, pero esta gente que es igual que yo ¿por qué no está tan pisoteada como yo? A ver si va a resultar que no hay ninguna razón real que justifique que a mí se me trate así de mal… Se estaba caldeando el ambiente y hubo pueblos en los que incluso se falsificaron los documentos para otorgarse libertades similares a las que disfrutaban los francos y trataban de hacerlos pasar por auténticos. En otros casos la picaresca la hacían de manera individual, por lo que hubo que regular incluso con quién podían casarse los hidalgos para asegurarse de que no se perdían pecheros a través de esa vía.

Se hacía imprescindible adaptar el sistema a la nueva mentalidad y la nueva realidad social.

Durante las últimas décadas del siglo XIV y el siglo XV se fue pasando de un sistema de pecheros, en los que cada campesino tiene unas obligaciones económicas y de trabajos hacia su señor, hacia un sistema de censo, en el que la organización se basa en la casa. Los trabajos obligatorios casi desaparecen y el pago de impuestos se simplifica y se regula por unidades de vivienda. Esta mejora de las condiciones de vida de los siervos se inició en los realengos (es decir, la impulsó el rey) pero en seguida se extendió a los campesinos dependientes de la nobleza y del clero, especialmente tras las crisis causadas por las guerras y la peste negra del siglo XIV, pues la sociedad quedó muy afectada y era necesario dar facilidades para su recuperación.

En algunos pueblos la solución para estos problemas fue otorgar la hidalguía de forma colectiva a toda la población, con lo que no sólo se permitía ya que se dejase la herencia al primogénito y no hubiera división de la riqueza, sino que también conllevaba muchas ventajas sociales que calmaron a la población. El primero de estos ejemplos fue el de San Vicente de la Sonsierra, donde se recibió el nombramiento colectivo de hidalguía en 1378 (aunque el documento diga que fue en 1377, pero es que llevaban un calendario ligeramente distinto). En otros lugares la solución fue liberar a la población de la pecha y de la vinculación a la tierra, pasando a un sistema de censo, pero sin nombrarlos hidalgos. En general, fuera por un método o por otro, se fue relajando el servilismo y mejorando la vida de la población, lo que permitió el desarrollo de algunas villas, sobre todo en la ribera del Ebro, gracias a la autonomía que se les concedía para gestionar sus recursos.


Las obligaciones de los campesinos, de las que se vieron liberados o al menos se suavizaron al ser nombrados hidalgos, incluían:

Tener que pagar impuestos (pecha) y obligación de trabajar unos días cada año en las tierras que se reservaba el señor. No podían tener en propiedad las tierras que cultivaban y de las que vivían, ni podían dejar herencia a quien quisieran sino a todos los hijos por igual, lo que hacía que con cada generación se reducía la parcela por persona para vivir. Estaban obligados a colaborar para construir la muralla o la iglesia, y también a utilizar el horno o el molino del señor (pagando, claro). Si el señor venía al pueblo, tenían la obligación de alojarlo a él y a su séquito y darles de comer mientras quisieran quedarse allí. Tenían que pagar diezmos a la Iglesia, y el señor podía pedirles impuestos extraordinarios cuando necesitara dinero para alguna empresa particular que se le ocurriese. Sólo podían dejar en herencia sus bienes muebles (las cosas que tenían, ropa, herramientas, muebles…) pero si morían sin hacer testamento o sin herederos cercanos, todos sus bienes se los quedaba el señor (la llamada mañería).

A cambio se beneficiaban del uso de los bienes comunales del pueblo, como por ejemplo los pastos, las tierras para roturar, recoger leña de los bosques… Y tenían una cierta capacidad de decisión a través de los órganos locales de gobierno (el Concejo), porque a las Cortes del reino no se les permitía ir.

A nivel jurídico también fue mejorando su situación con el paso de los siglos. Se crearon órganos municipales para impartir justicia en casos menores como robos, disputas entre vecinos, etc. Ya no tenían que ir a ver al rey cada vez que había un problema, y la justicia se impartía de forma más rápida y cercana.

En los casos en que no había pruebas para juzgar un delito, al noble se le permitía que jurase que era inocente y ya está, pero a los siervos se los sometía a juicio divino (ordalía) a través de varios métodos como por ejemplo la candela, que significaba que debían agarrar un hierro al rojo y si no se abrasaban es que eran inocentes. Este método concreto de juicio fue desapareciendo, salvo para los casos de brujería, que sí se siguieron juzgando a través del fuego hasta acabar la Edad Media.

Poco a poco se fueron sustituyendo las ordalías por juramentos (en los fueros se ve la frase “et si non potuerit probare, iuret” que significa que si no puede aportar pruebas, pues que jure y nos lo creemos) y llegó un punto en que esto estaba tan generalizado que ya no hacía falta ni recogerlo en los fueros porque era lo que se aplicaba a todo el mundo.

Respecto al ejército, los campesinos estaban obligados a acudir siempre que les convocaba el señor, pagándose ellos mismos el equipo y la comida, y sin límite de tiempo. También era obligatorio responder al llamado del apellido, que era un pregón por el que se decía que un pueblo, o una zona, o unas tierras de uso común estaban siendo atacadas y todo el pueblo debía acudir a defenderlas.

Con esta evolución de la sociedad, y especialmente con el nombramiento de hidalguía, se mejoraban las condiciones, se limitaba cuántos días debía acudir el campesino a la batalla y pasado ese límite podía marcharse, o pasado ese límite debía pagarle el rey la manutención; establecía la posibilidad de librarse de ir a la batalla pagando una cuota; o recibía una compensación si aportaba algún animal a la batalla y moría (un caballo, un asno…).

En definitiva, un documento tan sencillo como el que en 1378 nos otorgó la hidalguía a todos los habitantes de San Vicente de la Sonsierra, que en el texto no detalla apenas nada porque solamente dice “que sepáis de ahora en adelante sois hidalgos y os beneficiáis de lo mismo que el resto de hidalgos de mi reino”, en realidad nos está hablando de una gran mejora en la vida de los vecinos, de cómo estaba cambiando la mentalidad y la realidad social de la época y de cómo, por ser frontera y necesitar el rey tenernos contentos, se probó un nuevo sistema que resultó bien y se extendió por el resto del reino.

Descargar documento en pdf

Síguenos en Facebook

SFbBox by debt consolidation