A los pies de la sierra de Cantabria...

San Vicente de la Sonsierra

La Cascaja y el Megalitismo

A escasos 450 metros del parking de la iglesia de Santa María de la Piscina, dando un paseo tranquilo por un camino llano y fácilmente accesible, tenemos el Dolmen de la Cascaja pero ¿cuántas de nosotras sabemos qué es y por qué está ahí? ¿Tenemos una idea general de lo que representa? Aprovechando que tenemos al lado de casa el primer dolmen que se inventarió en La Rioja, vamos a ver cómo vivían los primeros habitantes del Valle del Ebro.

El principal problema con que nos encontramos en prehistoria es que quedan muy pocos restos arqueológicos y los que se conservan han sido alterados con el paso del tiempo (yacimientos expoliados hace siglos, restos encontrados que se interpretaron como herramientas de duendes o huesos de monstruos, destrucción de restos por los trabajos agrícolas a lo largo de milenios, etc.). Además, la idea que tenemos de que vivían en cuevas no se ajusta a la realidad, pero como los restos de viviendas al aire libre se han visto afectados por cultivar los campos y construir pueblos, lo que más vemos son los yacimientos que quedan en los abrigos rocosos y por eso pensamos que ahí es donde hacían su vida siempre y de manera exclusiva. ¿Vivían en cavernas? Sí, sobre todo en las épocas más frías (glaciaciones), pero también vivían en las laderas y en el llano, en cabañas que fabricaban con ramas y pieles, y que podían ser desmontadas para trasladarse luego a otro lugar.

Como ya vimos en el texto sobre el origen del paisaje, en la Era Cuaternaria había épocas en que hacía mucho frío y Europa estaba casi totalmente cubierta por el hielo. Durante esas glaciaciones la fauna se concentraba en las zonas cercanas al Mediterráneo: el sur de Francia, Italia, la Península Ibérica, y es también la zona donde se desarrollan las culturas paleolíticas. Hablamos de pueblos nómadas o seminómadas que se desplazaban siguiendo a los rebaños, a los que cazaban con más facilidad en las zonas donde iban a beber pues es su momento más vulnerable.

La forma en la que fabricaban sus herramientas consistía en romper piedras de manera controlada para conseguir trozos afilados con los que cortar y, al no estar asentados en un punto fijo y como hacían las viviendas tipo tienda de campaña, lo que encontramos de estos yacimientos son acumulaciones de esa talla lítica. Según qué tipo de restos encontremos deducimos si es una zona donde vivían o una zona a la que iban a buscar materia prima. Con una antigüedad de 1,7 millones de años tenemos yacimientos en el río Cárdenas que nos hacen pensar que iban allí a buscar piedras adecuadas para tallarlas.

A finales del Paleolítico Superior, hace unos 11.700 años, en el Valle del Alto Ebro tuvo lugar una colonización de gentes que vivirían en los abrigos rocosos y en asentamientos al aire libre, que se vieron animados a explorar nuevas tierras por la mejora en el clima que ocurrió a partir de esta época, ocupando las cabeceras de los valles y las zonas de paso de la fauna.

En San Vicente tenemos dos zonas en las que se han documentado acumulaciones de restos líticos: el Bardallo y La Tejera, aunque se cree que son mucho más recientes que los del Cárdenas. El problema para ponerles fecha es que no son excavaciones sino restos de prospección, lo que significa que han aparecido en superficie y sin contexto estratigráfico, por lo que es complicado discernir cuánto tiempo hace que se tallaron. Los restos del Bardallo podrían ser del Paleolítico, pero no encajan del todo con el tipo de restos que se suelen encontrar para esta época. Los restos de La Tejera son más recientes a juzgar por su tipología y, como han aparecido también restos de cerámica campaniforme, se considera que podrían ser de la Edad de Cobre (el Calcolítico). Por desgracia, a falta de excavaciones que añadan información cronológica y más restos, no tenemos muchos datos sobre lo que hacía la gente en nuestro valle por aquella época.

A finales del Neolítico surge en Europa un tipo de construcciones hechas con grandes piedras que han dado nombre al Megalitismo: “mega” = grande; “lithos” = piedra. En principio, con ese nombre el megalitismo podría englobar a cualquier tipo de construcción hecha con piedras, como por ejemplo Stonehenge, los templos cicládicos o las pirámides de Egipto, pero lo utilizamos para referirnos más concretamente a los monumentos que se encuentran en la Europa Atlántica y el Mediterráneo Occidental, siendo principalmente menhires y dólmenes.

Un menhir es cada una de las grandes piedras que se ponen en pie clavadas en tierra (seguro que recordamos a Obelix llevando uno a cuestas en los cómics). Podrían tener un uso funerario, ya que a sus pies es muy habitual encontrar enterramientos o urnas de cenizas, pero no siempre es así por lo que no tenemos la certeza de si ese era su objetivo principal y exclusivo. Algunos están tallados, y los podemos encontrar aislados o formando grupos llamados crómlech.

En la Sonsierra tenemos un ejemplo, el menhir de Peña Lacha (o Peña del Hacha), que es un poco polémico pues no encaja completamente en las características típicas de los menhires. Se encuentra a unos 3km del dolmen de La Cascaja, en dirección a Rivas de Tereso. Se trata de una roca arenisca del tipo local, que mide 3,35m de alto por 3,25m de ancho y poco más de medio metro de grosor. Está clavada en tierra de forma vertical, lo que ya nos hace pensar que se puso así de forma intencionada, pues es la única en el entorno que está en esa posición. Además, cuando se limpió de maleza el entorno, se vio que tiene unas piedras alargadas clavadas en la base a modo de cuñas para sujetarlo. Por último, en el entorno se encontraron restos de talla lítica y de cerámica en superficie.

Pero entonces, ¿por qué hay quien dice que esto no es un menhir? Pues porque es cuadrado en lugar de tener la típica forma alargada de obelisco, aunque es cierto que existen otros ejemplos de menhires con una forma “rara”. Además, aunque en la zona hay múltiples dólmenes, no se sabe de la existencia de ningún otro menhir y los más cercanos están a unos 40-50km de distancia. Todo esto hace que algunos prehistoriadores sean escépticos a la hora de aceptar que Peña Lacha sea realmente un menhir y que pertenezca a esa época.

Un dolmen es un conjunto de menhires puestos unos sobre otros para servir de enterramiento. El tipo más sencillo es aquel en el que se ponen dos de pie y otro cruzado sobre ellos, como el marco de una puerta. En ocasiones se dan dólmenes más complejos en los que se construye un pasillo que da paso a una cámara más o menos circular, que se utiliza como enterramiento colectivo. Para que nos hagamos una idea, es como un iglú pero de piedra. A esto se le llama dolmen de corredor y normalmente se cubre con tierra y piedras formando un túmulo que solamente deja a la vista la entrada. Los enterramientos podían hacerse en la cámara o aprovechar también el pasillo, y lo habitual es que se realizaran poco a poco a lo largo de muchos años. Se trata por lo tanto de estructuras construidas de forma colectiva y para ser usadas por un grupo de gente, no por una sola persona o su familia más inmediata, como hacemos hoy en día con las tumbas y los panteones. Esto nos está hablando de la forma en que se organizaba la gente entonces, ya que para construirlos se necesitaba el esfuerzo colectivo y coordinado de un grupo de personas, así que ya tenían algún nivel de identidad de grupo y afán colaborador para lograr objetivos comunes.

La aparición de este tipo de construcciones nos indica también un cambio en la forma en que las personas entendían y utilizaban el territorio como consecuencia de los cambios que vivieron durante el paso del paleolítico al neolítico. Al haber comenzado a asentarse en un territorio comenzaron a sentirse vinculados con él, a considerarlo “su tierra”. Suelen ser enterramientos hechos poco a poco, a lo largo de muchos años, lo que muestra que el estilo de vida que llevaban implicaba que el trabajo de construirlo les merecía la pena ya que lo iban a utilizar a largo plazo. De este modo tenían un sitio específico en el que enterrarse, posiblemente cerca del poblado, y con una idea de espiritualidad que deducimos del hecho de que las viviendas las construían con materiales más efímeros pero para las tumbas inventaron una forma de construir que perdurase. Quizá incluso pueden interpretarse como un lugar de culto a los antepasados y una forma de reclamar el territorio frente a otros grupos humanos.

En el verano de 1953, el impulsor de la arqueología prehistórica Domingo Fernández Medrano localizó y después excavó en la Sonsierra nuestro Dolmen de La Cascaja. Se encuentra a unos 600m de altitud, en la ladera norte del río Ebro, formando parte de un conjunto más amplio de dólmenes entre los que resaltamos el Dolmen de Peña Guerra, el Dolmen del Mallo, el Dolmen de Collado Palomero…

Está formado por una cámara redondeada y un corredor de acceso dividido en dos partes, todo ello hecho con grandes piedras de la arenisca habitual de la zona (como el menhir de Peña Lacha). En su interior se encontraron 31 personas enterradas, repartidas entre la cámara y el corredor, y además también había restos de huesos de animales, de talla lítica, trozos de cerámica de dos vasijas y una punta de flecha de bronce. Además de haber sido el primer dolmen que se inventarió en La Rioja, La Cascaja tiene otra particularidad que lo hace especial, y es que conserva las losas con las que se cubría. Esto es poco habitual ya que, al cubrirse los dólmenes con túmulos de piedras y tierra, pasaban desapercibidos y las labores del campo podían hacer que se engancharan los arados en las losas y que, por comodidad y a causa del desconocimiento sobre su significado histórico, se eliminaran del terreno.

Por las dataciones de los dólmenes en el Valle del Ebro, vemos que no se utilizaron por igual a lo largo de los siglos sino que hay periodos en los que se enterró a más gente que en otros. ¿A qué se debía esto? Quizá fue por una mayor mortalidad debido a guerras con otros grupos de la zona o a alguna enfermedad puntual. O quizá no es que muriera más gente de lo normal sino que aumentó la población y claro, a más vecinos, más muertos. O tal vez fue porque empezaron a vivir en esa zona concreta durante más meses al año, siendo pastores seminómadas que se movían por el territorio según las estaciones.

Por último, en la Sierra Cantabria se han encontrado varios abrigos rocosos y cuevas con inhumaciones, empezando siempre en el Neolítico, y con un uso intermitente. Serían grupos pequeños que pasaban por la zona de forma estacional, posiblemente pastoreando a su ganado, y reutilizaban los abrigos para reivindicar el terreno como propio. Tiempo después de que dejaran de ser utilizados para vivienda, se usaron como rediles para guardar el ganado, y lo primero que se hacía en ese caso era sanear prendiendo fuego al interior, por lo que los restos que pudiera haber se quemaban. Esto de alternar entre usarlo para vivir y enterrar, y usarlo como redil, ocurrió varias veces a lo largo de unos dos mil años, entre la Edad del Cobre y la del Bronce.

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