A los pies de la sierra de Cantabria...

San Vicente de la Sonsierra

La Edad del Hierro y los berones

En el texto sobre el inicio de la metalurgia vimos dos yacimientos de San Vicente en los que hay presencia de población durante la Edad del Bronce. Son el poblado de La Nava y el Alto del Sabuco. Ambos quedaron deshabitados durante la Edad del Hierro y mencionábamos que la población parecía haberse trasladado al cerro que ahora está ocupado por el castillo, así que vamos a ver cómo se vivía en esa época y por qué se deshabitaron esos poblados.

Como vimos en el texto en el que nos formamos un mapa mental de la Prehistoria, en la Península Ibérica tardamos mucho en pasar de la Edad del Bronce a la Edad del Hierro pues, aunque en Europa la consideramos desde el 1.200 a.C., en nuestra tierra no empezamos a ver sus características más claras hasta el 700 a.C. aproximadamente. ¿A qué se debió este retraso? Europa, en general, es zona de llanuras en la que las poblaciones se mueven con facilidad, lo que hace que los avances tecnológicos y sociales se difundan con rapidez, ya sea porque la gente se desplaza por el territorio y se asienta en nuevas zonas (migraciones), o porque se transmiten las ideas de unos a otros (el típico boca a boca). En cualquiera de estas dos situaciones, el contacto entre pueblos hace que se retroalimenten ideológicamente y se desarrollen más rápidamente. Sin embargo, la Península Ibérica está “aislada” por los Pirineos, así que esos contactos culturizadores no se daban con facilidad. A la Sonsierra llegaban las nuevas ideas por dos vías: desde Europa, subiendo por el valle del Ebro; o desde la meseta, a través de Pancorbo.

Juanes Fuertes, J.V., El paisaje de la Sonsierra Roja Alavesa en la antigüedad: economía, sociedad y procesos históricos.


En torno al siglo XIII a.C. hubo un enfriamiento del clima y se hizo más difícil conseguir comida. Si eres cazador-recolector o ganadero y hay un cambio climático puedes recoger tus cosas y buscar un nuevo lugar donde vivir. Esto es lo que hicieron los pueblos del norte de Europa, que se desplazaron hacia el sur buscando un entorno más amable donde asentarse. Pero si eres agricultor no puedes llevarte tus tierras a otro lugar por lo que este cambio de temperatura y las migraciones de gentes del norte hacia el sur aumentaron los conflictos entre pueblos. Los pueblos del sur europeo se vieron obligadas a elegir entre subirse a los cerros levantando vallas de madera para protegerse de los enemigos (es decir, construir castros para vivir), o abandonar sus poblados y sus tierras de cultivo y desplazarse a su vez más hacia el sur.

En torno al año 1.000 a.C. los pueblos de Francia cruzaron los Pirineos y llegaron al Valle del Ebro, trayendo las nuevas tecnologías que se utilizan en historia para decir que se acaba la Edad del Bronce y se pasa a estar en la Edad del Hierro. Son los pueblos que llamamos “celtas”, aunque en realidad no es del todo correcto llamarlos así porque la palabra “celtas” se refiere a un grupo étnico definido por unos rasgos físicos y, como esta gente se incineraba, no tenemos restos óseos para analizar y poder confirmar si eran o no eran. Por la lengua que hablaban los clasificamos como “indoeuropeos”, pero el tema de los indoeuropeos es aún más polémico, así que por comodidad nos vamos a quedar con lo de celtas para entendernos. A la época de estas primeras oleadas la llamamos Primera Edad del Hierro, o también Hierro I.

Estas gentes que vinieron de Europa se impusieron a la población local como una casta dominante. Se encontraron con una economía de subsistencia que se venía practicando desde hacía siglos y que se mantendrá hasta bien entrada la Edad del Hierro. Aunque se llame economía de subsistencia, no es que fuera precaria o desesperada, sino que estaba destinada a producir lo que se necesitaba en el día a día, y no productos especialmente generados para comerciar con ellos. Se alternaban cultivos de ciclo corto (siembra en primavera) con otros de ciclo largo (siembra en invierno), lo que implicaba ocupar mayor territorio y distribuir las tareas a lo largo del año. Aunque las herramientas que tienen aún son bastante precarias, todavía hechas de bronce, y no se mejorarán hasta el Hierro II, cuando se generalice la metalurgia del hierro.

Traen cambios culturales como la incineración de sus muertos, que era un rito nuevo pues recuerda que hasta ahora aquí se llevaba el megalitismo, eso de enterrar a la gente en dólmenes. También traen una nueva forma de decorar la cerámica, que a partir de ahora será excisa, acanalada o espatulada. ¿Recuerdas cuando en España se puso de moda el duralex y todo el mundo tenía una vajilla marrón? Pues algo parecido pero en versión prehistórica.

La sociedad se organizaba en núcleos familiares, con el trueque como método de pago. Practicaban la trashumancia vertical que significa que, en lugar de desplazarse a lo largo del valle, lo que hacían era subir los rebaños a las montañas en verano y bajarlos al valle en invierno. Criaban cerdos, vacas, cabras y ovejas, se mantuvo la metalurgia del bronce, los poblados eran permanentes y estaban situados en tierras bajas y los cauces fluviales, se practica el barbecho, la caza, la pesca, la explotación forestal… La sal era fundamental para la conservación de los alimentos, por lo que había contactos de intercambio con otros pueblos para conseguirla. También trajeron nuevas tecnologías para el cultivo del cereal y practicaban el barbecho.

Fabricaban la cerámica a mano y no producían muchos excedentes de alimentos, por lo que no había ricos y pobres, y la sociedad era igualitaria. Esto se ve también en que las casas eran todas más o menos del mismo tamaño y no se ven grandes diferencias en los enterramientos. Los poblados eran abundantes, pequeños y dispersos por el territorio pero procurando estar cerca de los ríos y protegidos con algún tipo de empalizada o muro.

Entre el siglo VII y el V a.C. hubo un periodo de recuperación climática, por lo que la gente ya no se desplazaba y se produjo una época de estabilidad en toda Europa, en la que se fueron desarrollando las culturas de forma local. Se va pasando desde una economía de subsistencia a otra más diversificada con la introducción gradual de la metalurgia del hierro.

Mientras tanto, en la zona sur de España y en la costa mediterránea, estaban los pueblos íberos, que eran tan independientes entre sí que no se unieron ni para enfrentarse a los celtas cuando vinieron a ocupar los territorios. Lo que sí hicieron fue copiar algunas de las costumbres que trajeron las nuevas gentes, como por ejemplo la moneda, el torno de cerámica y el alfabeto, que se conserva en placas metálicas que utilizaban para sellar pactos de alianzas con otros pueblos (las téseras). A estos pueblos con mezcla de características es a los que llamamos “celtíberos”.

Entre los siglos V y III a.C. se produjo un nuevo enfriamiento, y otra vez hubo movimiento de pueblos. Son las segundas oleadas célticas, que hicieron que por los Pirineos llegaran las gesntes que luego los romanos llamarían berones, pelendones, autrigones… Esta nueva oleada migratoria marca el paso del Hierro I al Hierro II.

Se va evolucionando hacia sociedades jerarquizadas en las que el poder lo ejercen unas castas militares de caballeros. Aparecen símbolos de estatus como son los banquetes aristocráticos o las tumbas de guerreros con restos quemados de armas. En los yacimientos encontramos objetos tratados con magnetita, que da un tono gris azulado al metal, que servían para demostrar el estatus superior; o los signa equitum, que ya no son símbolos de la tribu sino solamente de la familia que los ostentaba, lo que demuestra el paso de sociedades igualitarias a otras con diferentes clases sociales.

A finales del siglo V a.C. ya podemos hablar de la existencia de ciudades. En arqueología se ha visto que desapareció en torno al 70% de los poblados que había a finales del Bronce, pero sin rastros de violencia, lo que nos indica que esta gente, de forma voluntaria, se mudó a vivir a poblados centrales más grandes y con murallas de piedra. Aparece una nueva moda funeraria que consiste en que se incineraba a los muertos y luego enterraban la urna de las cenizas. Esos cementerios de vasijas son lo que llamamos Campos de Urnas.

Aprendieron a hacer la cerámica a torno, lo que permitía hacerla más rápido y de mejor calidad. La metalurgia del hierro ya está asentada, y el aumento de la producción de excedentes seguramente provocó un aumento demográfico, además de las diferencias esperables entre ricos y pobres. Aparecen los artesanos especializados para fabricar objetos con los que comerciar y que tenían un alto estatus social.

Surgen los oppida (como es una palabra en latín, en singular es oppidum y en plural es oppida). Se trata de centros urbanos donde vive la élite, donde se realizan los intercambios comerciales, y desde donde se toman las decisiones comunitarias y se controla la producción de los pueblos del entorno. Estos grandes núcleos atraen a la población del campo en una especie de éxodo rural que explica la desaparición pacífica de los pueblos del Bronce. La economía empieza a ser diferente en los poblados del monte que en los del llano. En los centros rurales se mantenía la tradición y la gente no veía bien el cambio social que suponía la aparición de élites y eso de que desde la ciudad pretendieran decidir por ellos.

En los siglos III y II a.C. se nota un aumento de temperatura climática; ojo, hablamos de calentamiento y los romanos iban en sandalias, pero el clima sería un poco más fresco que lo que vivimos en el siglo XX. Se intensifica la agricultura, se desarrollan las ciudades, se celtiberiza el norte de la península ibérica, se generaliza el uso del hierro, la cerámica a torno, que había comenzado a fabricarse poco antes, se convierte en la forma habitual de hacer utensilios, surgen las sociedades proto-estatales… Este desarrollo social se estaba produciendo en toda Europa pero que se ve interrumpido por la expansión romana, que se aprovechó de esta situación de organización social y urbana, y lo utiliza como base para imponer su cultura.

Cuando llegaron los romanos al Valle del Ebro entraron en contacto con los vecinos del lugar y recogieron en sus escritos los nombres de varias tribus. En nuestra zona estaban los berones, pero no sabemos si ellos tenían una idea de comunidad o si el nombre se lo pusieron los romanos sin prestar atención a la realidad social que tenían. No olvidemos que los berones se organizaban en ciudades-estado y quizá se veían tan distintos entre sí como respecto a los romanos.

¿Quiénes eran los berones? Los berones llegaron a occidente junto con los pelendones y los celtas galos en una segunda oleada céltica entre el 700 y el 500 a.C. aproximadamente. Eran muy autónomos y autosuficientes, construían sus poblados en altura con murallas y fosos para defenderse, y tenían una sociedad igualitaria de tipo comunal, como veíamos que era lo normal en el Hierro I. Aunque también había asentamientos en llano, más dedicados a la agricultura, que también se fortificarían para defenderse de las incursiones de enemigos y de animales salvajes.

El recuerdo de los berones lo hemos asumido en La Rioja Alta y Media como “los riojanos originales” a raíz de la labor de Alfredo Gil del Río en la década de 1960, gracias a actividades como el programa de radio “Berones y Pelendones”. Pero no nos los hemos apropiado en exclusiva, sino que consideramos que formábamos parte de una gran región celtíbera que también ocupaba parte de Burgos, Soria… En la Sonsierra hay presencia de berones desde el siglo VII-V a.C aproximadamente, aunque no conservamos restos de su escritura. Se conserva más epigrafía de época romana por dos motivos: la tardía alfabetización de los berones y la prolongada romanización.

La religión berona desciende de la celta y mantiene sus características principales: son politeístas y rinden culto a elementos naturales como ríos, montañas, fuentes… Creían en el dios Tullonius que era el Monte Toloño, y en el dios Dercetius, que era el Monte San Lorenzo. También tenían culto a la Luna o al Sol y de animales como serpientes, ciervos o toros.
Cuando tenían que pelear, los berones preferían las armas arrojadizas tales como lanzas o jabalinas, y solían ser aliados de los autrigones, que eran los pueblos que nos quedaban más hacia el oeste. Vareia era la ciudad más destacada de la cultura berona, y la zona del Monte Cantabria es la que más restos de época berona nos ha aportado.

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