A los pies de la sierra de Cantabria...

San Vicente de la Sonsierra

Hola, bienvenidos a

San Vicente de la Sonsierra

Municipio de La Rioja situado a los pies de la Sierra de Cantabria

Cultura, patrimonio, historia, naturaleza... todo lo que buscas

más información del tiempo

En los años previos al boom de las discotecas, en los pueblos había salas donde los domingos por la tarde y los días festivos había baile a cargo de la banda municipal, aunque entre mayo y septiembre, aprovechando el buen tiempo, se bailaba en la plaza. Estos ratos eran aprovechados por los jóvenes para ligar y no pocos matrimonios que hoy vemos paseando a los nietos han salido de aquellas tardes de música. En nuestro pueblo en concreto había dos salas, una estaba situada frente al lavadero de Manzanares, y la otra en el patio que hay al fondo del callejón de Zumalacárregui. En los años 60 hubo una división en la banda municipal pues la juventud quería música más moderna que la que se tocaba habitualmente, quedando el baile del centro para la gente de más edad, y yéndose los jóvenes al que estaba cercano al lavadero, y cuando más adelante se cerró este segundo baile, la fiesta se trasladó a un local de la Plaza Mayor. La costumbre general era que fueran los chicos los que sacaran a bailar a la chica de su elección, pero había dos excepciones: el día de los Inocentes y el día de Santa Lucía (13 de diciembre, patrona de las modistillas). En estas dos fechas eran las chicas las que sacaban a bailar a los mozos, cosa que ellos aprovechaban para “vengarse” dando calabazas a las que antes se las habían dado a ellos.

Hoy día se puede ver desde la calle un precioso patio privado que, si bien ahora pertenece a una sola familia, solía ser un patio abierto que daba acceso a las casas de varios vecinos. Uno de ellos era el herrador, al que recurrían todos los vecinos de San Vicente para cambiar las herraduras a los burros, cosa vital ya que en aquella época se utilizaban para las labores del campo. Otro vecino de este patio fue el practicante (lo que hoy llamamos enfermero), así que casi podríamos decir que en un mismo patio se resolvían los problemas de salud de todo el pueblo.

En la Edad Media la inmensa mayoría de la población era analfabeta, así que la Iglesia transmitía sus mensajes visualmente. Por eso, las esculturas y pinturas de las iglesias eran moralizantes y se centraban en pasajes de la Historia Sagrada. Pero los curas sí sabían leer y ya venían moralmente adoctrinados, así que se permitían el lujo de solicitar a los artesanos que incluyeran detalles en aquellos lugares que sólo estaban al alcance de los ojos de quienes se situaban en el altar. Es decir, de ellos mismos. Si tienes un rato libre, merece la pena subir a Santa María la Mayor a estudiar el retablo de cerca, mirando detrás de las columnitas o fijándote en la pintura de las ropas de las figuras, pues encontrarás un montón de detalles deliciosos que normalmente pasan desapercibidos, eclipsados por la grandiosidad del retablo que, de tanto mirarlo, ya ni lo vemos. ¿Te habías fijado alguna vez en este detalle de la ropa de la Virgen en la escena de la circuncisión?

Con estos ingredientes, y con la ayuda de las integrantes de la Sección Femenina, la maestra cocinaba bollos y preparaba chocolate para dar a las niñas y niños que hacían la Primera Comunión al día siguiente. El orden de los sucesos ese día venía a ser, más o menos: por la mañana se iba a misa en Santa María la Mayor, donde se comulgaba con la compañía de tu padre y tu madre, que te escoltaban uno a cada lado. Después de la misa se bajaba al colegio, donde la maestra tenía listo el chocolate y los bollitos. A continuación, cada cual iba a celebrar el día con su familia hasta que a las 17:30 las niñas y niños eran llamados a la Basílica del Remedio para pronunciar el “Renuncio a Satanás”, que servía de punto final a los ritos hasta que, el domingo de la semana siguiente, se volviera a salir con el traje para participar en la celebración del Corpus.

Se trataba de una asociación que tenía como objetivo fomentar el arte y, en especial, la música entre los vecinos de la localidad. A esta sociedad se podían afiliar, voluntariamente, todos los integrantes de la banda municipal, que se estaba intentando reconstruir pues, al parecer, había caído en abandono. No existía en San Vicente una escuela de música, sino que los vecinos que sabían tocar algún instrumento eran los que enseñaban a quienes quisieran aprender, como Clemente, que enseñaba solfeo, o Luis Verde, que además hizo una gran labor recopilando las jotas populares. Pero volvamos a La Perla Riojana: se permitía también tener socios honorarios, que serían quienes pagaran la cuota y tendrían derecho a voz pero no a voto. Los instrumentos musicales serían propiedad de la sociedad y el Presidente sería quien decidiera quién tocaba cada uno. El Comité Ejecutivo debía reunirse al menos una vez al mes y en el día de Santa Cecilia, 22 de noviembre, celebrarían su festividad con una reunión del Comité al completo. La Sociedad recaudaría dinero siendo contratada para tocar en los bailes y cuando fueran contratados para tocar en otro tipo de eventos. Ese dinero se usaría para comprar nuevas partituras, para reparar los instrumentos y, lo que sobrase, sería repartido entre los miembros.

Para dar publicidad al mismo se editó un librito con las condiciones y servicios ofrecidos y que está datado en 18 de diciembre de 1904. Al tratarse de un colegio perteneciente a la Iglesia, las maestras eran las monjas y las enseñanzas iban siempre orientadas a la formación doctrinal de las alumnas. La enseñanza estaba dividida en dos ciclos, el primer grado era para alumnas desde los 6 y hasta los 13 años, y el segundo para aquellas que superasen esa edad. En el primer grado las asignaturas comprendían: lectura, caligrafía, gramática, geografía e historia, aritmética, doctrina religiosa y lo que llamaron “trabajos de la mujer” (croché, costura, zurcidos, bordados…). El segundo grado, una vez dominadas las materias anteriores y alcanzada una edad en la que ya pocas continuaban estudiando, incluía las siguientes asignaturas: lectura y declamación, caligrafía, estilo y composición, ampliación de conocimientos de aritmética y contabilidad, economía doméstica, conocimientos científicos como geología, zoología, botánica…, historia religiosa y, siguiendo con los “trabajos de la mujer” ampliaban los del primer ciclo añadiendo corte y confección o tapicería. También contaban con una especie de módulo de especialización para quienes quisieran servir, centrado en las labores domésticas y con un enfoque práctico. Para acudir a este colegio existían tres posibilidades, ser interna, ser externa o ser medio pensionista, que incluía la comida del mediodía y la merienda.

Descargar y leer el manual completo: CLICK AQUÍ

Del mismo modo, en las comuniones de antaño se situaba a las niñas en los bancos del lado del evangelio, y a los niños en los bancos del lado de la epístola. El lado del evangelio es el que, mirando de frente al altar, queda a nuestra izquierda, y el de la epístola es el que queda a la derecha. Estos nombres se deben al lado desde el que se lee cada uno de estos documentos durante la misa, llegando incluso a tener en cada lado un “ambón” específico para cada lectura con su correspondiente atril. En caso de que la iglesia sea tan grande que tenga tres naves, también se usan estos nombres para diferenciarlas, nave del evangelio y nave de la epístola. Aunque hoy en día ya hemos perdido estas costumbres y los invitados a las bodas, por ejemplo, se sitúan un poco donde les parece mejor y la mayor parte de la gente ya no utiliza estos dos nombres para distinguir un lado del otro.

En 1961 esta costumbre estaba prohibida porque las autoridades locales lo consideraban indecente y vulgar. La misma mañana del último día de fiestas, cuando se debía realizar la romería al castillo, se colgaron carteles en los árboles de la plaza recordando que nadie debía bañarse en la fuente. Sin embargo, dos jóvenes del municipio llevaron a cabo un ardid para saltársela. La idea consistió en retar a que les empujaran para luego poder decir ellos “que yo no me he metido, es que me han empujado”. Pero el plan no les salió como esperaban pues fueron denunciados igualmente alegando las autoridades que estaba planeado con antelación, que por la altura de la fuente era imposible tirarles si ellos no colaboraban, y que los infractores y sus amistades tenían antecedentes de altercados siendo, además, sospechosos de ideología contraria al régimen. Tanto se ofendió el Ayuntamiento por la desobediencia, que la multa impuesta a uno de los “mojados” ascendía a 2.000 pesetas (mientras que una multa por tráfico, por desorden público o por incumplir la normativa de armas de fuego podía llegar hasta las 250 pesetas). Al resto de implicados se les multó con 100 o con 200 pesetas, según el grado de implicación en los hechos. Se les dio un plazo de 8 días para pagar, pero hasta enero de 1962 no se terminaron de abonaron todas las sanciones.

 

El acceso al agua siempre ha sido un problema y se intentó en varias ocasiones ponerle remedio, pero sin que fuera nunca suficiente. El proyecto de Salvador consistió en traer el agua del manantial llamado Fuente Articulanda, y construir tres fuentes en el municipio para su distribución: una en la Plaza de la Constitución, otra en la Plaza de los Hornos, y la tercera en la Plaza del Moral. En esta ocasión se calculó que, para que el abastecimiento fuera suficiente, se necesitarían 50 litros de agua por habitante y día, lo que se traducía en 3 litros de agua por segundo. En la memoria del proyecto que se conserva en el Ayuntamiento se puede leer cómo, además de todos los detalles técnicos, el ingeniero enfocó el estudio de manera que se ahorrase en decoración pudiendo dedicar el dinero a mejores materiales, y alegando que si se quería hacer las fuentes más bonitas por fuera (en especial la de la Plaza de la Constitución por ser la central) ya habría tiempo más adelante, mientras que ahora lo importante era dedicar el presupuesto a la calidad de la instalación.

Hay un pleito del año 1728 de Joseph de Badillo y Salinas, que era procurador del pueblo, contra Phelix de Vadillo, que era el alcalde ordinario de la villa. Joseph acusaba a Phelix de “ejercer oficios que no eran decentes” para su cargo, así que aprovecharon que era sabido que se iban a reunir en la ermita para ir allí a detenerlo. Según se indica, era costumbre que en la ermita se celebraran las reuniones para elegir alcalde, regidores y procuradores generales de la villa. “…siendo como es y a sido (…) y costumbre en dicha villa elixir alcalde, rexidores y procuradores xenerales en dicha villa, es asi que el dia treze de junio proximo pasado que es el dia en que se junttan el alcalde hordinario, rexidores y dichos procuradores xenerales en la Hermita de San Juan para efecto de hazer la proposicion de personas para dichos oficios y de ellas elexir al dueño de dicha villa…”

Subcategorías

Síguenos en Facebook

SFbBox by debt consolidation