A los pies de la sierra de Cantabria...

San Vicente de la Sonsierra

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San Vicente de la Sonsierra

Municipio de La Rioja situado a los pies de la Sierra de Cantabria

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La entrada original al templo estaba en el mismo sitio, pero no tenía cobertura ni sobresalía respecto a la fachada. Seguramente no era más que la puerta con la decoración a ras de la pared. En el siglo XVIII se hizo el pórtico monumental que vemos hoy porque se necesitaba de un tejado que protegiera de las inclemencias del tiempo cuando los clérigos salían a conjurar las tormentas. Durante el tiempo que la iglesia estuvo sin puerta hubo que contratar a gente para que vigilara, y sus salarios constan entre los gastos que supuso la construcción (que fueron muchos y difíciles de sufragar, a juzgar por las cuentas que se conservan en los Libros de Fábrica). A la vez que se construía este pórtico de piedra se arregló el suelo en el interior para que soportara una puerta de madera.

Las casas de San Vicente están jalonadas de escudos heráldicos pero no todos son de épocas remotas. Hay escudos antiguos, que se distinguen porque son más grandes, más elaborados y, sobre todo, están más “rodados”, más erosionados por el paso del tiempo tanto en las aristas como en las grietas. Pero otros muchos los realizó Alberto Güenechea García como hobby y después los regalaba a los vecinos, así como las placas de piedra con el nombre de las calles. Sus abuelos maternos eran vecinos de San Vicente y él siempre estuvo muy vinculado con nuestro pueblo. Sentimiento que fue correspondido y quedó reflejado cuando, en 2007, se le dedicó una plaza en el Barrio de San Juan.

En el Fondo Histórico del Ayuntamiento se conserva el contrato de alquiler entre el Ayuntamiento y María Tojal Varela, que estaba en el extranjero así que actúa en su nombre su padre, Tomás Tojal Apilánez. Aunque no se alquiló el edificio entero pues los dueños se reservaban la parte que fue tienda, que queda a mano derecha según se entra. El Ayuntamiento alquiló el local en base a unas condiciones aprobadas en pleno el 25/04/1937, que fueron: pago de una renta anual de 125 pesetas; de esta renta se descontarían los gastos de los arreglos que había que hacer en el local; el contrato es por diez años prorrogables si ambas partes están de acuerdo; el hospital tendría un encargado pero si la dueña volvía al pueblo podía reclamar ser ella la encargada,; si hubiera algún inválido a causa de la guerra también puede reclamar el puesto de encargado del hospital y quitar a la persona que lo ocupe de forma interina; si el Ayuntamiento quisiera rescindir el contrato antes de tiempo no tendría sanción. Según consta en la documentación adjunta, los encargados del hospital fueron Urbano Martínez Trejo y Joaquín Monge Velandia. También hay un inventario detallado de los enseres y muebles que había en el hospital a 20/06/1940, firmando el documento como encargado Pedro Resa.

La ballesta fue el arma de moda a partir del siglo XII, ya fuera para la guerra como para cazar, porque proporcionaba más precisión y mucha más fuerza y alcance que un arco. Era un arma tan potente que la Iglesia la consideró “diabólica” y prohibió usarla contra cristianos; aunque la verdad es que no se le hizo ningún caso en este sentido. El manejo de la ballesta era una profesión de gran reputación social que incluso suponía privilegios nobiliarios. Se conserva un documento de 1355 en el que el Infante Don Luis de Navarra daba orden de reparar las ballestas de San Vicente de la Sonsierra. Existían distintos tipos de ballesteros: de maza, de a pie, de a caballo, mareantes (iban en los barcos)… Tras la anexión de San Vicente a Castilla, la Noble Compañía de Ballesteros Hijosdalgo de Peciña perdió su enfoque militar y se mantuvo para luchar contra el bandolerismo. Su patrono era San Juan Bautista, y en esta ermita es donde hacían sus reuniones de hermandad y celebraban sus fiestas religiosas. Velaban y enterraban a los hermanos cuando morían y, al igual que cualquier otra hermandad o cofradía, tenía sus órganos de gobierno (alcalde, mayordomo y secretario). En Ábalos también se fundó una Hermandad de Ballesteros para luchar contra el vandalismo y estuvo en activo hasta el siglo XIX. Hacían sus prácticas de entrenamiento cerca de la ermita de San Felices, en lo que aún se conoce como el monte de Ballesteros.

La llamada Torre del Reloj es una torre albarrana (que significa que no se construyó pegada a la muralla) que se construyó en el siglo XVII sobre los restos de otra torre medieval anterior. No se sabe exactamente dónde estaba esa otra torre, pero seguramente no era muy lejos de donde está la actual. Se le llama Torre del Reloj porque en 1675 se instaló allí un reloj mecánico que había realizado D. Tomás Julián de Santo Domingo y que serviría para organizar la vida del pueblo a través del toque de sus campanas. Además, está documentado que en nuestro pueblo vivía una familia de reputados relojeros por lo que, teniendo en cuenta estos antecedentes y después de que se rehabilitara la torre entre 2004 y 2005, se restauró el reloj y se aprovechó para crear un museo de relojes de torre gracias al préstamo de otras varias piezas por parte de San Román Sonería Monumental. Además de maquinaria de relojes también podían verse las herramientas que se utilizaban para su fabricación aunque, al tratarse de una colaboración puntual, el museo se clausuró una vez que finalizó el periodo de préstamo de las piezas ajenas al Ayuntamiento.

En un principio, para acceder al coro existía una escalera de piedra que estaba adosada a la pared del evangelio (la de la izquierda si estás mirando al altar) que bajaba por el mismo sitio donde hoy está el arco de inicio de las escaleras. De esta escalinata, que bajaría por la pared y posiblemente haría una L al llegar abajo, hoy día sólo queda el arranque del primer escalón, justo entre el balcón del coro y el balcón del órgano. El actual cubo de escaleras se construyó entre los siglos XVI y XVII, para lo que se abrió un hueco en la pared y se construyó una especie de torre dentro de la que se puso la escalera de tres tramos, se creó una sala capitular detrás del órgano y se construyeron dos retretes para uso de los clérigos. Resulta curioso ver que en las instrucciones para este tipo de construcciones se mencionaba que se debía disponer de canteras para sacar la piedra, de pan y vino para los obreros y, además, de pastos y montes para para alimentar a los animales de tiro que se utilizaran.

Esto pasaba porque la iglesia era un referente de la vida social, el lugar donde tenían costumbre de juntarse (al oír misa) y porque solían tener pórtico donde resguardarse de la lluvia o del sol. Aunque en el caso de Santa María la Mayor se construyó sin pórtico se tardó un tiempo en ponerle uno. Existe un documento de 1574 sobre un pleito entre un vecino y el Concejo de San Vicente, que se celebró “en el cementerio de la Iglesia de Santa María” y se hizo “a campana tañida”, lo que demuestra que cuando se construyó la actual iglesia se mantenía esta costumbre para las reuniones y deja ver hasta qué punto la iglesia era parte integrante de todos los aspectos de la vida diaria. La parte frente al pórtico, como ya no se usaba de cementerio, se empedró con pequeños cantos entre 1706 y 1707. Luego en 1744-1745 se hicieron obras para poner el pórtico, dejando el antiguo cementerio lleno de escombros.

n 1990, la Real Academia de la Lengua Vasca publicó un dictamen diciendo que el nombre de la sierra debe ser “Sierra de Toloño”, basando su argumento en un informe del etnógrafo alavés José Antonio González Salazar, y eliminando el nombre de “Sierra Cantabria”. Frente a esta decisión surgió un grupo de personas de diversos ámbitos, entre los que destaca por su implicación Salvador Velilla, que defienden que el nombre debe mantenerse como Sierra Cantabria. En 2018, el gobierno autonómico vasco informó al Instituto Geográfico Nacional de que existen varios nombres, lo que llevó al Instituto a hacer un estudio que terminó en una resolución del 13/08/2018 en la que establece que desde Labastida hasta Lapoblación se debe llamar Sierra de Toloño, permitiendo que se le llame Sierra Cantabria pero sólo como nombre menor y nunca para usos oficiales; desde Lapoblación hacia el este se mantiene el nombre de Sierra de Codés. Como reacción a esta resolución se formó en 2019 la Plataforma Pro Sierra de Cantabria, que engloba a varias asociaciones de la zona para mantener la reivindicación de mantener el nombre con el que se conocía por parte de la población y no el que estipuló la Academia de la Lengua Vasca. El pasado mes de febrero de 2024 se presentó una Proposición No de Ley en el Congreso para pedir que vuelva la Sierra Cantabria. Y tú, ¿cómo llamas a esta zona de la cordillera?

ACTUALIZACIÓN:

En el BOTHA del 22 de julio de 2024 se publicó la Moción 77/2024, de 11 de julio, de las Juntas Generales de Álava, referente a la denominación Sierra Cantabria / Sierra de Toloño por la que las Juntas Generales de Álava instan al Instituto Geográfico Nacional a atender la petición de la mayoría de la ciudadanía que habita los pueblos del norte y sur de la sierra a recuperar el topónimo “Sierra de Cantabria” para toda la zona central de esta cadena montañosa, manteniendo el de “Toloño” exclusivamente para la zona más occidental, tal y como ha sido durante los últimos dos siglos.

En el Boletín Oficial del Parlamento de La Rioja del 13 de septiembre de 2024 se publicó la Proposición no de Ley en Pleno 11L/PNLP-0200 relativa a que el Parlamento de La Rioja inste al Gobierno riojano para que, a su vez, inste al Gobierno de España y al Instituto Geográfico Nacional a atender la petición de la mayoría de la ciudadanía que habita los pueblos del norte y sur de la sierra (hoy denominada "Sierra de Toloño") a recuperar el topónimo "Sierra de Cantabria" para toda la zona central de esta cadena montañosa, manteniendo el de "Toloño" exclusivamente para la zona más occidental, tal y como ha sido durante los últimos dos siglos.

Una de ellas estaba situada en la actual calle Zumalacárregui número 10, y la otra estaba en la calle Carnicerías número 1. La botica era lo que hoy llamamos farmacia, y en el pueblo aún se recuerda que solían situarse en la planta baja de la casa donde vivían los boticarios. Cuando se necesitaba de sus servicios, si la botica estaba cerrada, desde la calle se llamaba a voces: “Doña Fulanitaaaaa”, o bien “Don Menganitoooooo”, pero siempre con el tratamiento de Don o Doña porque la figura del boticario (y su esposa) era una de las de mayor relevancia en cualquier pueblo y, aunque se les llamara a voz en grito, se les debía mostrar respeto. Hoy día las farmacias dispensan principalmente medicinas ya preparadas en laboratorio, además de cosméticos, pero en las boticas era el boticario quien preparaba in situ las medicinas que mandara el médico, por lo que solían tener un cuarto (la rebotica) lleno de probetas, matraces y botes de cristal, básculas de precisión y mil y una herramientas de trabajo tan variadas como hermosas, que hoy día han quedado como objetos de decoración en las modernas farmacias.

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