Lo sabemos porque en 1361 se quejaron de que se les había puesto a trabajar en la reconstrucción de la muralla del recinto fortificado, mientras que a los judíos de la zona hacia Calahorra no les obligaban a esas tareas. Normalmente, los judíos se dedicaban al comercio y acumulaban riqueza que les permitía ejercer de banco de préstamos. Los reyes solían recurrir a ellos cuando necesitaban dinero y por eso los protegían y daban privilegios. Sin embargo, la población los despreciaba precisamente por esa misma labor de prestamistas. Al no dedicarse a cultivar la tierra, era gente que se movía por el territorio con facilidad, y en San Vicente ya no aparecen registrados ni en el censo de 1427 ni en las listas de expulsión de 1492, así que posiblemente para entonces ya se habían marchado a causa de las guerras con Castilla que tan a menudo ocurrían en esta zona de frontera.

